El irrespeto del venezolano (una experiencia absurda pero real)
Pero el punto real de este post no es lo maravilloso del espectáculo (en cualquier momento les
hablaré un poco de él) sino de lo más impactante de todo el evento, que no fue que comenzó con una hora de retraso porque invitados especiales de los organizadores no habían llegado sino que resulta que cuando Emilio Lovera, Laureano Márquez y Amilcar Rivero se disponían a despedirse prendieron las luces del auditorio y la gente empezó a salir en estampida, sí, como animales…Tanto así que el mismo Emilio les dijo “¡Hey, no hemos terminado!” ¿Pueden creerlo?????? Yo no… ¿ya les dije que estábamos en el Colegio Santa Rosa de Lima y no en una plaza, o en el centro de la capital?
La gente que lo hizo supongo que era para evitar la cola del estacionamiento… pero nosotros salimos luego de que realmente se terminó el show y no tuvimos problemas al salir… no era el Sambil.
Ya esto lo vivo con frecuencia en el cine, pero la gente en la pantalla no esta viendo que te vas! ¿Dónde está el respeto por el trabajo de unos profesionales?
Siento que la mayoría de la gente en este país toma la profesión del actor como algo pasajero, algo sencillo y hasta superficial. Yo no soy actriz pero tengo clarísimo que ese es un duro trabajo que merece respeto igual que cualquier otro.
Recuerdo en una oportunidad cuando fui con mi familia a ver “Monólogos de la Vagina” y repitieron 5 veces que apagaran los celulares al entrar a la sala. Pues como de costumbre a muchos se les olvidó y a una señora, como de 50 años sentada tras de mí, le empezó a sonar insistentemente, la doña no lo encontraba en su cartera y sonaba, sonaba y sonaba.
La actriz que estaba en ese momento en escena era Gledys Ibarra y bastante aguantó hasta que dijo: “¿será posible que apaguen ese teléfono?”, y seguía sonando, así que se paró de la silla donde estaba y dijo “ya no sigo”. La mujer finalmente consiguió el teléfono en la gigante bolsa que cargaba y lo apago (menos mal que no lo contestó, aunque ya no lo recuerdo).
Prendieron las luces, salió el director de la obra y el resto de las actrices a hablar con Gledys. ¿y qué hacía mucha de la gente? ¡se quejaba de la actitud de la actriz!, es como si un cirujano esté haciendo una operación en la que obviamente necesita concentración, se la quiten y luego le reclamen porque esté molesto. Al final continuó la obra, pero al salir escuché a más de uno acordarse de la mamá de Gledys…
Simplemente a estos profesionales le faltan el respeto con frecuencia… será que a cualquiera de estos maleducados les gustaría que le hicieran algo semejante?
Ahora no sólo nos vamos a dar a conocer por tener un país de "rojos-rojitos", mujeres bellas, bueno publicistas y creadores sino como la tierra de los seres más vivos del continente y ahora de los más maleducados... ¡qué bien vale!
En este país, tu país, mi país…
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